This entry was posted on Miércoles, Marzo 10th, 2010 at 23:55 and is filed under Español, Todo/All. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can skip to the end and leave a response. Pinging is currently not allowed.


Porqué no se si quiero un iPad?
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Desde que se de su existencia, he tenido dos etapas en el “ciclo iPad”: el antes y el después de su presentación. También podrían tener otros títulos, los cuales permitirían ver por donde van los tiros: “aquello que creía que sería” y “aquello que ha acabado siendo”.
Se que ahora mismo estoy en la segunda etapa, pero es que mi tozudez me impide ver que no es el producto que yo esperaba y que no voy a comprarlo. Por ello he decidido hacer esta reflexión en voz alta para convencer a mi parte medianamente sensata de que no es oro todo lo que Apple saca a relucir.
En mi mundo imaginario, la lectura en el siglo XV era un privilegio de los nobles y solo se podía realizar a través de manuscritos. A partir de la mitad de ese mismo siglo apareció la imprenta y la manera de leer cambió radicalmente. Seis siglos después, apareció el iPad y revolucionó aún más la manera de leer, haciéndonos entrar en el futuro de golpe.
En el mundo real, lo que ha sucedido es exactamente lo mismo que en el párrafo anterior, a excepción de la parte del iPad.
Con vídeos como éste a un servidor se le caía la baba solo de pensar en las miles de posibilidades que ofrecía el Tablet deseado. Una manera de acceder a una nueva dimensión, entrando de lleno en la revista que hubiéramos comprado y pudiendo configurarla y visualizarla como y donde nos plazca. Al final, se ha quedado en una simple pantalla que simula una hoja y que puede pasarse con un efecto sorprendente. Y como lo se si nadie tiene el iPad todavía? Porque el iPad, tal y como se ha ido diciendo, es un iPhone vitaminado. Estas pastillas que de alguna manera atraen a los culturistas para deformar sus cuerpos hasta cotas inalcanzables (y desagradables) han sido introducidas en el teléfono de Apple por el único agujero que tiene (el de los auriculares, malpensados).
Yo quería un Tablet que me hiciera olvidar las revistas, que me permitiera ver el vídeo de ese artículo que no acabo de comprender, que contuviera ejemplos que pudiesen ser enviados al ordenador para implementarlos en el programa que desee, y, ya puestos a pedir, que permitiera ver en 3D esas fotos que miro y remiro pero que no entiendo como puede llegar a ser posible eso. Me refiero a las espectaculares fotografías de las revistas deportivas…
Si el iPhone se ha acabado convirtiendo en el hermano del ordenador, que le ha robado centenares de tareas, el iPad podía ser el hermano de la lectura, la que me permitiría leerme una revista de cine sin pensar a cada pagina que paso “caray, si esto lo leí hace dos semanas en Internet…”.
No quiero juegos, ya tengo un iPhone. No quiero películas, ya tengo un ordenador. No quiero un trasto grande que llevar encima, ya tengo….. en fin, una mochila muy grande.
Yo solo quería un cambio…
P.D.: Algo bueno tiene el iPad. Me ha hecho recordar cuánto me han gustado siempre los libros tradicionales, los de papel. Aquellos que cuanto más gastados están más te gustan. Los que tienen alguna frase subrayada porque en ese punto te has sentido identificado. Los que huelen a arena de playa. Los de siempre.
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